Desde que la pandemia de la COVID-19 se presentó, a escala mundial, hace casi dos años, nuestras vidas se han visto afectadas por grandes transformaciones. Medidas como las restricciones a la movilidad o la distancia social han precipitado un proceso que ya se había desencadenado, si bien a un ritmo inferior: la digitalización.

Supone un auténtico reto mencionar algún ámbito de nuestro día a día que no se haya visto influenciado por ello. A su vez, resulta innegable el preponderante papel que ya desempeña Internet —según Cinco Días, más del 93% de la población española dispone de acceso a esta red (1)—. Ahora disfrutamos de todo un mundo de posibilidades a tan solo un clic de distancia y sin necesidad de desplazarnos.

Este escenario configura la nueva realidad y el reto que también afrontan las compañías de seguros. A la luz de la enorme variedad de dispositivos conectados existentes, así como el ritmo vertiginoso con el que se actualizan y desarrollan otros nuevos, ¿cómo poner de relieve aquellos que aseguren el éxito en la creación, gestión y promoción de nuevos productos o servicios? ¿Es imprescindible que todos los cambios pasen por la red de redes? Aquí entra otro actor a escena: la omnicanalidad.

El mundo de los seguros ya está abriendo los ojos a esta imparable tendencia, empezando por el cambio de contexto hacia páginas web, apps, smartphones o videollamadas. Este nuevo entorno deriva en la necesidad de los agentes de reinventarse y adaptarse a nuevos canales de comunicación con el cliente que aseguren la misma —o mejor— calidad de interacción que la presencialidad.

Reforzar binomio agente-cliente

Al respecto, resulta de vital importancia examinar y establecer nuevos modelos de distribución para que el binomio agente-cliente se vea reforzado a través de la potenciación de la experiencia del consumidor —lo que se traducirá en una aumento de las pólizas contratadas—. En este sentido, la hiperpersonalización y el autoservicio basado en la recolección de datos serán los pilares de este cambio.

Para satisfacer las cada vez más exigentes demandas del cliente —piedra angular de este sector—, las empresas deben revisar sus procesos, así como crear nuevos productos —tanto a partir de los preexistentes como desde cero—, que aseguren la sencillez y la claridad en su contratación y uso, además de ser innovadores para hacerlos más accesibles a los potenciales demandantes. Al respecto, la inteligencia artificial y el machine learning se han posicionado como aliados en este reto, reduciendo incluso los costes de la digitalización. En este sentido, también será clave procurar la seguridad y la prevención contra operaciones fraudulentas, de modo que el cliente se sienta protegido y deposite toda su confianza en la compañía.

La omnicanalidad también pasa por la modernización de la industria, desde la captación y el tratamiento de los datos de los clientes hasta el uso de plataformas de gestión avanzadas. Este es el momento perfecto para hacer extensiva la agilidad y la facilidad a la hora de dar respuesta a las necesidades de los clientes y de adaptarse a las transformaciones del sector.

Para ello, el manejo de herramientas analógicas o desfasadas debe dar paso a las soluciones digitales, como msg.Sales —para la creación, lanzamiento y gestión de ofertas y productos— y Unified Distribution Platform (UDP) —para completar el ciclo de vida del seguro—. Estas dos plataformas multicanales abren la puerta a una eficiente digitalización y dan cobertura a las grandes líneas de negocio.

En una sociedad cada vez más adaptada a la realidad digital, las aseguradoras no pueden quedarse atrás. Es hora o nunca: la omnicanalidad es el futuro de esta industria.  

Referencias:

  • ‘Digitalización, ¿cómo hemos evolucionado este 2020?’. Cincodias.elpais
  • Ref.interna:https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/12/17/extras/1608201742_125340.html