Los sistemas de alerta temprana han hecho posible que el número de muertes provocadas por fenómenos meteorológicos extremos haya descendido en los últimos 50 años.

El cambio climático es el principal causante de este crecimiento en el número y la magnitud de las catástrofes. Por un lado, el aumento de las temperaturas provoca un incremento de vapor de agua en la atmósfera que se ha traducido ocasionalmente en precipitaciones extremas, las cuales, a su vez, han dado lugar a peligrosas inundaciones.

Por otro lado, el hecho de que las temperaturas de los océanos también se hayan elevado ha dado lugar a una mayor frecuencia en la formación de tormentas tropicales y de fenómenos como los huracanes, los tifones y los ciclones. Y a esto hay que añadir las olas de calor y las sequías, que muchos especialistas también achacan a la actividad humana.

Menos muertes por catástrofes naturales

En el informe de la OMM se llega a la conclusión de que el ser humano deberá amoldarse a esta nueva realidad, ya que el cambio climático sigue su curso y la temperatura media global se encuentra en continuo ascenso.

De ahí que cada vez sean más importantes los sistemas de alerta que se emplean para, en la medida de lo posible, minimizar las pérdidas tanto humanas como económicas. Y es precisamente en las vidas salvadas donde se encuentran las buenas noticias.

Si en la década de los 70 del pasado siglo murieron 50.000 personas como causa de estos desastres, en la segunda década del siglo XXI que acaba de terminar, han sido 20.000, lo que contrasta con el aumento de las catástrofes antes mencionado.

“Se están salvando más vidas gracias a los sistemas de alerta, pero también es cierto que el número de personas expuestas al riesgo de catástrofes está aumentando debido al crecimiento de la población en las zonas expuestas a peligros y a la creciente intensidad y frecuencia de los fenómenos meteorológicos. Es necesaria una mayor cooperación internacional para hacer frente al problema crónico del enorme número de personas que se ven desplazadas cada año por las inundaciones, las tormentas y la sequía”, apuntó Mami Mizutori, representante especial de la ONU y jefa de la Oficina para la Reducción del Riesgo de Desastres, para avisar de que son precisamente las poblaciones más pobres las que no cuentan con los medios adecuados.

En este sentido, la propia OMM apuntó hace unos meses que únicamente el 40% de los países miembros de la organización disponen de sistemas de alerta temprana multirriesgo.

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